sábado 29 de octubre de 2011

Sueño apocalíptico

Estaba dormida en mi cama grande, de repente un temblor sacudió mi cuerpo lo que hizo despertarme, corrí hasta la puerta de mi habitación, mis pies ya estaban calzados, todos los cuadros se movían, yo gritaba ¡Salgan todos! Pero en las habitaciones solo se hallaba el silencio de las voces y el estruendo de las cosas que salían de su sitio, que caían al suelo mientras el temblor no se detenía y mi cuerpo encontraba la salida sin encontrar a nadie en mi casa, salí de allí y me encontré con el campo, con ese campo donde esta mi casa desde hace años, poco a poco empecé a ver salir de mi casa y de la casa de mis familiares a todos confusos y agitados, en sus rostros había terror, se dibujaba abruptamente en sus gestos, sus ojos se veían perdidos en un acuoso sentimiento perdido en sus pesadillas, esos ojos que se posaron en el cielo cuando todo él se convirtió en un océano azul sobre nuestras cabezas, unos barcos gigantes empezaron a navegar en él, grandes, astronómicos que cubrían el espacio y abrían el mar majestuosamente, los barcos con su madera café intacta y en él habían dos palos y una vela cuadrada todas ellas vestidas con sus telas blancas inmaculadas con una cruz roja dibujada en el centro de ellas.
Las aguas se abrían sobre nuestras cabezas, con cada ola un estruendo mientras las familias aterrorizadas se abrazaban, algunas olas bajaban hasta nosotros heladamente, entre abrazos y plegarias todos cerrábamos los ojos mientras el agua caía como olas gigantes como témpanos de hielo que congela las ganas de vivir, la necesidad de soñar, las familias oraban mientras el espectáculo de olas azules se estrellaban en la tierra seca, al cerrar los ojos oí el palpitar de mi alma, palpe a mis padres abrazados a mí, mis hermanos sometidos al miedo compartido frente a la expectativa, el fin, el fin de todo, de la vida, del amor, del sueño, cuando el cerrar los ojos simboliza el no estar, el no vivir, el no trascender, el temor, el alejarse, ella estaba en mi mente, su nombre lo repetía vivido, real, decía de verdad te amo.
Al abrir los ojos los barcos se alejaban lentamente como habían llegado, me sentí sola frente al mundo, hasta que vi a mi padre y a mi tía mayor caminando de la mano con mi abuela, me acerque a ella corriendo, mis lágrimas empezaron a brotar con mucha fuerza, bese su cabeza, ella seco mis lágrimas con su mano fuerte y cálida, dijo Debo irme ya, el cielo se abrió de nuevo pero no había azul sino un color brillante, ella se alejo tan hermosa como la recuerdo, cuanto se extraña lo que no existe, lo que ya no se ve ni se verá, lo que se aleja en lo real y en la vida que se vive jamás respirará.