Juguemos en silencio, el mundo no va a cambiar sólo la mirada que tenemos sobre él, yo me vestiré de cortesana y me perderé en un bosque intentando alcanzar manzanas de los árboles más altos, luego correré a una pequeña casa de madera y ladrillo, encenderé una estufa de carbón y prepararé un pastel delimitando el fuego con el sabor de los ingredientes imaginarios, luego leeré literatura confusa, quitaré mi vestido caminando desnuda hasta la cama, me cubriré con una frazada hecha por mis propias manos y leeré hasta que las páginas se acaben y pueda ver el mundo con otros ojos, donde el silencio no sea una capa de dolor con olor a zanahorias y pasto, donde el silencio no se la evitación de la palabra sino la búsqueda de lo insonoro.
Jugaré a dibujar con oleos, acuarelas y ecolines diferentes tipos de paisajes y rostros, utilizaré azules, grises, blanco, en algunos extraños casos utilizare colores tierra, tal vez mezcle mi imaginación con los árboles reales, tal vez dibuje los rostros de mis pesadillas y ridiculice un poco sus expresiones dramáticas esperando simplemente que el día vuelva con más entusiasmo, que el sol se decida a salir y que el café no sea simplemente para calentarse sino para disfrutar la infusión de agua y fragmentos de olorosos trozos, que su perfume se riegue sobre mis labios, mi lengua, mi garganta y por primera vez recuerde unos besos que lograron capturar el café e inmortalizarlo en amor.
Un, dos, tres, salgo, corro, el viento en el rostro no lastima, el encierro se siente cuando no hay donde mirar, no es tiempo de ponerse triste aunque mi mirada se nuble por la muerte que se llevo a los seres que se encuentran encerrados en pequeños cajones de madera, la muerte ha visitado y seguirá visitando, el desear la presencia de la vida no es acallar a la lóbrega insistencia de llevarse almas a lugares no imaginados, yo me quedo en el mundo escuchando un estallido de voces y acordes que dicen que tan grande es el ego, que tan pobre es el creerse desnudo, un aliento en el rostro, una palabra al final de la noche, ¿puedo por favor encender un cigarro? No quiero destruirme, sólo quiero sentir ese sabor una vez más, juegos de diversión en noches de luto, juegos de vida en el dorso desnudo, cuando el tiempo llegue lograremos ser lo que el mundo prohíbe por sus normas ridículas, pero su fuerza no es más grande que la mía, soy quien soy y juego a ser quien me construyo, dejo pesares en palabras no entendidas ¿quiero entendimiento? Tomaré un poco de vino al final de alguna tarde, la lluvia caerá sobre los tejados, tu entrarás por la puerta y veras mi copa medio llena, sabrás que es la primera y que al lado de esta habrá otra que no dice tu nombre pero sabes de antemano que es tuya, la chimenea estará encendida, te sentare al sofá y abrazare por la espalda observando el fuego como una representación teatral, no hablaremos pero sabrás de antemano el amor que te derramo sobre la vida que se vive, el silencio no será aparatoso, será la oportunidad perfecta para comer un pastel de manzanas imaginarias junto a un vino compartido, frente a un fuego teatral donde los seres que se aman no se hablan para no entorpecer con palabras un sentimiento que ya no necesita decir más, estarás en la imaginación sabiendo de antemano lo que es real y lo que no lo es, porque no sólo jugaremos a vivenciar sino que lograremos el contraste indicado entre lo que queremos en lo individual y lo que se construye como verdadero porque los juegos son la forma de aprendizaje más exacto pero sin tomarse la vida tan en serio.
jueves 29 de septiembre de 2011
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